Library of Selara

My Photo
Name:
Location: Madrid, Madrid, Spain

Estoy loca, qué más puedo decir, y soy rarita, o especial, o fascinante, depende de quien lo diga... pero sobre todo soy "bicho" hago ruidos como R2D2 o un pokemon y saco de quicio a todos los que esperan verme formal o seria, o melancolica, supongo que asi sería más interesante, pero, yo solo quiero verles sonreir. Bueno cuando chirrio los dientes se enfadan más aún y me corren a collejas, y cuando intento cantar, en resumen soy un ente en vías de extinción, quién me adopta?

Friday, July 10, 2009

Anthea


Hace cientos de años, en las praderas que cubrían el monte Olimpo, vivía un pequeño pastor.


Cada día se levantaba antes del alba a buscar agua para lavarse, preparaba su hatillo y soltaba a las ovejas de su encierro; el pastor hacia esto cada día y ya ni siquiera pensaba en sus acciones de aprendidas que las tenía.


Un día algo cambió; cuando fue a por agua, el río no era sino un lodazal; cuando fue a la despensa, el pan estaba enmohecido, y las aceitunas rancias y, finalmente, cuando fue a liberar a sus ovejas, todas estaban enfermas, y algunas habían muerto durante la noche.


Por unos instantes el pastorcillo se lamentó de su desgracia y lloró. Tras recuperarse pensó que quizá algunas de sus ovejas serían mas fuertes; epidemias siempre había habido, después de todo. Entró en el redil y comenzó a seleccionar las ovejas dependiendo de sus síntomas, se dio cuenta de que algunas tenían la enfermedad más avanzada pero seguían vivas, así que las cogió y las llevó a su casa.

Fue casi hasta la cima del monte Olimpo y allí, en el nacimiento del riachuelo, consiguió agua suficiente que cargó de vuelta sobre su espalda, dejó a las ovejas con casi todo el agua y algo de hierba seca que parecía no haberse estropeado, y salió hacia la ciudad a buscar medicinas y respuestas.

La caminata duraba casi un día y había salido tarde. Quizás lo lógico hubiese sido esperar al amanecer pero en vez de eso eligió por el camino un garrote que le sirviese también de bastón para caminar y continuó. La noche fue larga y fría pero la luna fue generosa y guió su camino con gran claridad.


Cerca del amanecer escuchó unos lobos acercarse, pero los ahuyentó cantando tonadas alegres y frescas. Por un momento casi tuvo ganas de bailar.

Justo cuando amanecía vislumbró las paredes de la ciudad, pero le sorprendió no ver guardias, ni movimiento de mercaderes y comenzó a pensar que no era el único al que los dioses estaban poniendo a prueba. Al entrar en al ciudad, el corazón le dio un vuelco.


Había cuerpos de gente enferma y moribunda apilados contra los muros, junto a los cuerpos fríos de aquellos que no habían sobrevivido, y entre toda aquella estampa, se oía el llanto de un niño febril que reclamaba la atención que su madre ya no podía darle.

El pastorcillo se asustó, y sintió una gran tristeza. El había acudido a la ciudad a pedir ayuda y no había nadie allí capaz de ayudarle, de hecho, podía decirse que era el único en pie en aquella ciudad de moribundos. Tras un instante de meditación el pastorcillo ató con un pedazo de cuerda el garrote a su espalda y con determinación se acercó al niño que lloraba frente a él, le tomó sin miedo en sus brazos y se dirigió a la fuente más cercana.

Gracias a lo dioses brotaba agua limpia, y con ésta limpió el rostro del pequeño. Sintió su temperatura y decidió que aún no debería preocuparse por eso. Al ver muchas casas abiertas decidió entrar a preguntar; pero descubrió que todas estaban en iguales o en peores condiciones que la propia calle por donde transitaba antes. Aprovechó también para investigar en sus despensas y descubrió vino y miel que no se había corrompido. Tomó el vino para él, licuó la miel con un poco de agua de la fuente y se la dio al pequeño, que la deglutió al instante y se durmió feliz. El pastorcillo comenzó a dudar que lo que estaba sucediendo fuese natural. Tomó una sábana y con ella se ató el crío al torso, así el niño podría dormir y el podría continuar sin perderle de vista.

En algunas callejas escucho conversaciones, llantos y oraciones, cada vez más según fue acercándose al templo; una vez allí descubrió cómo los guardias no permitían el acceso de la plebe al templo, sólo los nobles podían entrar y la guardia estaba castigando a los pobres desesperados que lo intentaban.

Los llantos y gritos se elevaban, pidiéndole a la diosa que les protegiese, el pastorcillo miró hacia la efigie de la guardiana de aquella ciudad, imponente en su belleza y fuerza. En su escudo, la cabeza de medusa y en su mano la lanza de la verdad, del casco salían ensortijados mechones que destacaban por ser el único toque de rebeldía de la escultura.


Aquellos cabellos... nunca había creído que los dioses interviniesen en la vida de los hombres, siempre pensó que mientras cumpliese con sus obligaciones, los dioses le dejarían en paz. Pero ante sus ojos, tenía la prueba viviente de su error. Los dioses no sólo intervenían en la vida de los hombres, la alteraban, y les hacían sufrir.

Volvió a mirar a la diosa, pero esta vez no la vio magnifica y hermosa, su presencia le infundió miedo y dolor, y por un instante el desprecio hacia ella se hizo patente. Ahora la veía altiva, lejana y cruel. Le prestó, no obstante, poca atención, pues tenía una preocupación mucho más inmediata. ¿Por qué querían entrar todos al templo? ¿Acaso no veían que si entraban con personas infectadas, todos terminarían enfermos? Lo lógico hubiese sido alejarse de la ciudad, huir, no aglomerarse todos en su centro.

Siguió observando el tumulto, un niño chilló cuando fue golpeado por un soldado y su pequeño se revolvió contra su pecho, pero siguió dormido. Aquello terminó por aumentarle aún más, si cabe, su ya enorme intriga. Se mezcló con las personas que intentaban acceder al templo, pensó con ironía que no debían estar tan desesperados porque excedían en número a los guardias; pero, ¿cuanto duraría la calma?.


Entre las quejas y murmullos consiguió la información que buscaba "la diosa había bendecido el templo, dentro no podía alcanzarles la enfermedad y los alimentos de las arcas del templo no habían sido corrompidos, pero la nobleza se había encerrado allí y donde cabían 3000 personas sólo habitaban 100"

El pastorcillo sintió cómo la ira le corroía las entrañas, cómo tenía ganas de gritar... el niño tosió ligeramente y sus ojos se anegaron en lágrimas, al pensar que él podía caer ante aquella plaga en cualquier momento. Mareado y confundido caminó sin rumbo, tratando de respirar, pues el dolor de semejante injusticia le atenazaba el pecho con puño de hierro. Tropezó con una losa mal ajustada y cayó sobre sus rodillas. El sobresalto y el intento de que el niño no saliese lastimado, le sacaron de su estupor y cuando levantó la vista la vio allí, mirándole, con los ojos tristes.


Nunca había pensado que una diosa pudiese tener los ojos tristes. Pero cómo no iba a estarlo, ella había intentado proteger a su pueblo de una plaga terrible, y aquellos a quienes había concedido el poder, habían traicionado a los suyos, los dejaban morir de enfermedad y hambre por las calles, mientras ellos cenaban copiosamente. ¿Cómo no iba a estar triste?

Se sintió muy culpable por haber pensado por un momento que ella les había abandonado, ella siempre estaría allí, incluso cuando ya no creyesen en ella, porque les amaba, así de simple, era su pueblo, era su gente, les amaba, cuidaría de ellos.

Mientras pensaba estas cosas una nube se apartó del camino del sol, y un rayo solitario desafió el gris del cielo cortándolo como una espada, bajó hasta la diosa y, reflejado en el escudo terminó en una pared. El pastorcillo de fijó en aquel pequeño punto luminoso, se fijó en que las piedras eran diferentes allí, se fijó en que en el suelo había marcas de pisadas que llegaban hasta esa pared y se cortaban. Elevó la vista hacia su diosa y le sonrió, y le dio las gracias. Entraría en el templo y solucionaría ese problema, la señora se lo había pedido y, aunque fuese un humilde pastor, si ella estaba de su lado, no debía tener miedo.

Atravesó túneles oscuros y estrechos que torcían una y otra vez sobre sí mismos, en un par de intersecciones dudó sobre el camino a seguir, pero cada vez, un pequeño fulgor iluminaba la elección adecuada. Y así después de lo que le parecieron horas, llegó hasta una sala donde ardía una hoguera y donde varias mujeres vestidas con túnicas blancas tejían mientras otra les leía de un pergamino. Todas se alteraron al percibir su presencia, todas menos una, que se levantó de su asiento y le dijo "¿Entiendes que está penado con la muerte, la intrusión en el templo de la Diosa?" La respuesta salió de sus labios sin que se diese cuenta siquiera "Atenea me envía, me ha guiado hasta aquí para que ayude a mis iguales en estos momentos de penuria", la sacerdotisa sonrió y con ese gesto le recordó a la diosa a la que servía "Bien joven, si la diosa te guía, estamos obligadas a ayudarte, dime, ¿cuál es tu plan?" El pastorcillo palideció ¡no había pensado un plan! se había adentrado en la más absoluta oscuridad sin pensar en un plan, esperando que la diosa le guiase.

"Nuestra señora te guiará hasta tu destino, pero recuerda que ella es seguidora de Sofía, no te ayudará si no utilizas tu mente para llevar a cabo sus designios" dijo la sacerdotisa leyendo su mente asustada. Se centró un momento y pensó, la mayoría de la guardia estaba ocupada intentando controlar el tumulto, dentro sólo había nobles disolutos que no llevarían armas porque si no las sacerdotisas no les permitirían entrar, pero claro, él tampoco tenía armas excepto aquel palo con el que había cargado y aún no le había servido de nada. Inspiró hondo y dijo "¡me enfrentaré a los nobles!. La diosa les permitió tener esas posiciones hace muchos años ya que eran los mas preparados para cuidar de los demás pero en vez de seguir las enseñanzas de paz y justicia de nuestra señora, han utilizado su poder para conseguir más poder, si alguno de ellos reacciona ante estas palabras, estará salvado, los que no lo hagan serán expulsados de su puesto y sustituidos por personas que sí amen la sabiduría, que sigan el camino de la diosa." La sacerdotisa sonrió "alabo tu valor y determinación joven, pero sigue sin parecerme un plan" el pastorcillo, se sonrojó y dijo en voz entrecortada "señora había pensado en golpearles con el palo, atarles y luego decirles el discurso" Una risa límpida y clara lleno los pasillos del templo, los nobles que se encontraban en al sala principal de oraciones se estremecieron de miedo, pues pensaban que la diosa había bajado a burlarse de ellos.

La sacerdotisa caminó hacia el joven con los brazos extendidos "no puedes llevar a esa criatura contigo a un combate", él sonrió agradecido, deshizo los nudos que mantenían al bebe atado a su cuerpo y lo entrego a la sacerdotisa que siguió preguntándole "¿cómo se llama esta angelical criatura que te acompaña?"
"No lo sé mi señora, le encontré sólo llorando en la calle, no podía dejarle allí" la sacerdotisa sonrió mirando al muchacho "nuestra señora ha escogido bien, como siempre, ve, cumple tu misión y vuelve a buscar a Anthea"

El pastorcillo se mostró consternado "¿quién es Anthea señora?" La sacerdotisa a punto estuvo de arrancar otra vez en carcajadas "Anthea es la muchacha a la que has salvado, pastor, la que será desde hoy tu hija, ¿no me digas que pensabas que era un muchacho? Vamos, marchate". El pastor consternado se dio la vuelta en la dirección que le habían indicado las siervas del templo cuando oyó una voz a sus espaldas: "¡Muchacho! ¿Cuál es tu nombre?". "Sifiso señora", respondió él y siguió caminando, cuando estaba fuera de su vista la sacerdotisa susurro:
"Sifiso, mano ejecutora de nuestra señora, ten cuidado y vuelve vivo"

Las antorchas iluminaban las paredes con sombras tenebrosas que no tranquilizaron su corazón agitado, ¿estarían todos en la misma sala?
Le habría interesado saber si estaban diseminados, las ovejas que se separan del rebaño siempre sorprendían volviendo en el momento más inoportuno, le pareció irónico igualar a los nobles de la ciudad con borregos pero, eso le dio valor para continuar. Al final del pasillo, donde le habían indicado que estaba al sala de oración, se adivinaba mucha más luz, desató su vara y la empuñó con seguridad, se acercó con pasos lentos hasta la esquina donde se abría la sala, asomándose detrás de unos cortinajes y la escena le turbó.

Aquellos que debían cuidar de su pueblo, aquellos que debían dar ejemplo, estaban la mayoría inconscientes en un sueño ebrio, algunos vagaban aun rellenando sus copas en las ánforas de hidromiel, pero se tambaleaban inseguros por el efecto del licor. Sifiso caminó entre los cuerpos inconscientes y abotargados preguntándose cómo llevaría su plan ahora. No se veía capaz de golpear a personas indefensas por muy repulsivas que fuesen. Sintió algo a su espalda, y una sensación de cosquilleo en la nuca, se giró, pero no había nadie allí.

Preocupado dio un paso hacia delante preguntándose de dónde había salido aquella sensación, y entonces alguien saltó desde detrás de las cortinas, con movimientos ágiles le atacó moviendo con rapidez una daga que tenia en la mano derecha y golpeándole con una especie de cetro que portaba en la mano izquierda. Sifiso con destreza se defendió aunque no pudo evitar un par de arañazos de la daga, rezó para que al hoja no estuviese envenenada y buscó los puntos débiles de su atacante. En un quiebro hacia la izquierda el atacante bajo el cetro, y Sifiso aprovecho el momento, de un golpe recto y directo al hombro logro inutilizarle el brazo derecho. Aún quedaba la mano de la daga, pero con los lanzamientos rectos, Sifiso pudo ver un punto débil mucho mas fácil de atacar. Dió un paso atrás, fintó y golpeó al individuo en el otro hombro cuando éste realizaba un ataque frontal con la clara intención de destriparle. La daga calló con estrépito al suelo, y Sifiso miró en derredor esperando alguna reacción, o nuevos atacantes, pero todos dormían, en pie solo estaban su atacante y él mismo. Aunque su atacante estaba encorvado en una posición casi simiesca. Cuando alzó la cabeza, el pastor se asustó, su rostro estaba plagado de bubas y bultos, amoratado e infectado, el habría matado a cualquiera de sus ovejas que presentase ese aspecto, por compasión, por piedad.


"Cómo te atreves??" Rugió aquel el ser deforme "Cómo osas entrar en esta casa y molestar a aquellos que son superiores a ti en todo", "Ésta no es tu casa, es la casa de Atenea, y es ella quién me ha invitado", "¿Atenea te ha invitado a su casa?, ¿a hacer qué?, ¿matarnos mientas dormimos?, ¿reñirnos a todos por no cumplir con la doctrina de la diosa?" El hombre avanzaba hacia él, no podía mover los brazos así que caían lánguidos a los costados, en su rostro deforme destacaban dos ascuas de odio brillando, amenazándole "He venido a restaurar el orden" Lo dijo con firmeza. Aquel ser que hacia mucho había perdido su aspecto humano, se lanzó sobre él, y Sifiso, asustado golpeó. Se oyó un crujido, como cuando se abre un melón contra una roca, y su enemigo cayó inerte al suelo, como un fardo.

Sifiso dejo caer el bastón espantado, y siguió hipnotizado ante la visión de aquel cuerpo sin vida. El había terminado con su vida. con los ojos anegados en lágrimas miró en derredor, a los cuerpos yacientes, babeantes, gimientes, degradados por su opulencia y corrupción, y no encontró consuelo.

Una suave luz ilumino la estancia, No podía contener la lágrimas que le nublaban la vista, y la imagen que apareció ante él era fantasmagorica y borrosa. La tenue luz iluminaba la fastuosa escultura de mármol de la Diosa, cubierta en oro y sedas. La luz se incrementó cegándole. Y una voz melódica le hablo.

- Sifiso, quiero darte las gracias, con tu mano has cumplido mis deseos, y has salvado a mi pueblo.
- he matado a un hombre mi señora
- Lo se, perdoname, pero no había otro camino; si el vivía, muchos debían morir, no era justo, no podía consentirlo.
- Mi señora, pero ahora, ¿yo qué soy?, ¿un asesino?
- un héroe, mi joven amigo. Me has hecho un gran favor Sifiso, no puedo borrar la sangre de tus manos, pero te prometo esto, no volverás a matar nunca, y de tu mano, muchos miles vivirán felices mucho años.
- Mi señora Atenea, no comprendo...

la luz despareció como había venido, comenzó a ver los bordes de las columnas, de los cortinajes, de los cuerpos amontonados a su alrededor. Y comenzó a destacar una figura, con túnica blanca, frente a el.

-Sifiso, ¿estas herido?
- Yo, no, no estoy herido, ¿esta Anthea bien?
- Si, duerme, la he dejado con mi hermanas
- Gracias, muchas gracias, yo...ni siquiera se tu nombre
- mi nombre es Eliana, suma sacerdotisa de nuestra señora Atenea
- Eliana, ¿que se supone que debo hacer ahora?
- Abre las puertas Sifiso, deja entrar a nuestro pueblo asustado y hambriento, que entre en esta casa y se curen sus heridas.
- Si Eliana, eso haré.

Sifiso se acerco a las puertas cerradas del templo y empujo con todas sus fuerzas, los goznes crujieron y comenzaron a girar. Oyó el estruendo de gritos de las gentes hambrientas y asustadas, intento mirar en aquella dirección, pero la luz del sol atardeciendo le impidió ver el tumulto que se avalanzaba hacia el.



El sol terminó de esconderse tras las montañas, y las farolas comenzaron a lucir, creando ese ambiente tétrico de infinidad de luces y falta de claridad. Todos miraban las letras esculpidas al pie de la estatua " Anthea, hija de Sifiso y Eliana, Guerrera al servicio de nuestra señora Athenea".

- ¿Seguro que pone eso?
- Que si, que seguro. Oye que mi Griego está oxidado pero me da para una línea, un poco de Fe, Ru
- Lo que no me explico es como te sabes la Historia que va con cada escultura, hay cientos.
- Diana cariño, yo he dicho que tendríais una Historia, no puedo asegurarte que ocurriese eso.

Todos la miraron con mezcla de asombro y decepción.

- No me miréis así, es arqueología, construir la Historia a partir de las pequeñas piezas que se tienen y los conocimientos de Historia adquiridos, hubo plaga, hubo hambruna, y de todo ello salió un nuevo líder cuya hija, aún siendo mujer, destacó como militar, en el ejército Ateniense...venga chicos, ¿de verdad pensáis que he mentido? o ¿he dado vida a un bloque mármol?

Todos rieron y siguieron caminando.

- ¡Repolluda! ¿vienes?
- ¡Voy!- volvió a mirar la escultura que estaba frente a ella - Ojalá fuese verdad. Tienes que ser verdad, algo así tiene que haber ocurrido alguna vez, en algún sitio.- Cerró la mano con tanta fuerza que los nudillos se el quedaron blancos
- Mi niña, vamos, que estos se van sin ti, y ya me dirás que hacemos si guía que nos cuente historias.- Di sonrió, y su sonrisa apagó el pequeño fuego que se había desatado en su alma. Suspiro mirando a la estatua una última vez.
- Venga vamos, seguro que encontramos un lupanar.
- ¿se llamaban lupanares en griego? eso me suena a latín.
- y es latín, no se como se dice prostíbulo en griego ¿que te crees que soy un diccionario?- hizo una mueca y trotaron calle abajo, mientras las risas de sus amigos les recibían como un abrazo.

Friday, June 19, 2009

El cisne negro






-Sigfrido te amará sin dudarlo, pensando que eres Odette

Le hablaban a ella, pero no podía creerlo, no hacia más que admirar su reflejo en aquel espejo, y mirarle a ella, encerrada en aquella jaula en su forma de cisne, era muy hermosa. Ahora ambas eran muy hermosas. El brujo no paraba de hablar de Sigfrido, un humano, un humano estúpido además, el brujo decía que amaba a Odette por haberle visto nadando en el lago. Eso no es amor, ella lo sabía, los cisnes elegían un compañero para toda la vida, buscaban al compañero adecuado, listo, fuerte, que pudiese volar alto y cuidar de la prole, y entonces se comenzaba a amarle. No pudo evitar reírse ante aquellas patéticas criaturas bípedas que se desvivían de esa manera y confundían deseos de apareamiento con amor. Pobres.

-¡Odille! presta atención, el plan depende de ello.
- Señor- Se asustó al escuchar su propia voz, pero tomó aire y continuó- Si sólo le ha visto en el lago, si de verdad está tan loco como usted dice, ¿para qué me sirve toda esa información? Caerá en mis redes por que me parezco a ella, por que sueno como ella, por que huelo como ella. No me hace falta nada más.

Las risas del brujo despertaron y alteraron a todas las criaturas de la torre, y Odette se removió en su jaula, nerviosa, asustada.

- Mi querida Odille, sabia que tu no me defraudarías, sabía que tu, podrías ver la verdad, podrías ver más allá, contigo llevaré a cabo mis planes, contigo tomaré el control del Reino.

El Reino, un montón de tierras y árboles, un montón de humanos a los que había que alimentar y cuidar, según había entendido, y los campos había que trabajarlos para tener más descendientes, para tener más tierras... no entendía a los humanos, Al brujo tampoco, el vivía en una torre poderosa, tenía todo cuanto necesitaba y más, y podía hacer que los animales le sirvieran, ¿por qué quería un Reino?, por venganza, pero no sabía para qué quería vengarse, ¿por enviarle a una torre de la que era capaz de salir transformado en ave?, no entendía a los humanos pero el brujo había sido bueno con ella, y ahora tenía un cuerpo hermoso, y piernas largas, aunque no tenía alas, pero podía transformarse y volar cuando quisiera. Ayudaría al brujo en su sueño absurdo de humano.

- Dime Odille ¿qué haremos hoy?
- Acudiremos al cumpleaños del Príncipe Sigfrido, al verme se enamorará de mí, me coronará como su Reina y yo te entregaré el Reino.
- Jajaja Muy bien Odille, y yo ¿quien soy?.
- Mi padre
- Bien, bien, vayamos a la fiesta, Odette querida no te retuerzas, te harás daño. Alegrate, cuando Sigfrido esté muerto tu serás mi reina y gobernaremos juntos.

Odille se estremeció ligeramente ante el tono del brujo y miró a Odette, encerrada e infeliz. Si sus ojos de cisne hubiesen podido llorar, lo habrían hecho. Suspiró levemente y tomó el brazo del Brujo.

- Adelante Padre, nos espera una fiesta.

Odille tuvo que contener su llanto al oír el estremecedor graznido de Odette encerrada.

_ - _ - _ - _ -_ - _ - _ - _ -_ - _ - _ - _ -_ - _ - _ - _ -_ - _ - _ - _ -_ - _ - _ - _ -_ - _ - _ - _ -_ - _ - _ - _ -_ - _ - _ - _ -_ - _ - _ - _ -_ - _ -


La sala giraba y giraba, como si estuviera en el centro de un ciclón, todo daba vueltas. Oyó una carcajada y se sorprendió al descubrir que era suya. Aquello era divertido, no tanto como volar, pero era bonito. Se detuvieron cuando dejó de sonar aquella armoniosa melodía que emitían aquellos bípedos del fondo, ¿cómo habían dicho? ahhh sí, músicos. Imitó a los demás y aplaudió. Al mirar hacia arriba veía le radiante rostro de Sigfrido mirándola con devoción. Pensó que sería hermoso que alguien la amase así, algún día quizás. Negó con la cabeza sacando esa absurda idea, llevaba demasiado tiempo en un cuerpo humano, empezaba a desvariar, aquello no era amor, él estaba hechizado.

Los músicos tocaron una melodía distinta y Odille se preparó para aprender el próximo baile, le gustaba esa costumbre de los humanos, bailar. Pero Sigfrido le guiñó un ojo y se separó de ella por primera vez aquella noche; subió unos escalones y se dirigió a los demás invitados.

- Está noche, según la tradición, es mi deber elegir a la mujer con la que pasaré el resto de mi vida. Muchos sabéis que me revelaba contra esta tradición, ya que no había nadie que me llenase completamente - se oyeron murmullos entre los presentes - Pero quizás habréis notado a la bella dama que me acompaña esta noche. De todas las mujeres del mundo, su belleza es la más inigualable, su sonrisa es la representación de la alegría y sus ojos dos estrellas descendidas para iluminarnos a todos - Sigfrido calló, adoptando esa postura de devoción absoluta, observando sus reacciones, y ella, ella solo le miró con curiosidad, ya que no sabía que más hacer - No podría resumir todas tus virtudes en una sola noche, y nuestras invitados esperan el anuncio. Odette...

- Odille - corrigió en un susurro apenas audible
- Perdoname, no sé en que estaba pensando - Los invitados se rieron e hicieron comentarios entre ellos, seguramente referidos al ritual de apareamiento de su especie- Odille, es a ti a quién elijo ¿Quieres ser mi esposa?

Miró a su padre que estaba pletórico en su victoria. Sintió una punzada en el corazón al recordar a Odette en aquella jaula, en recordar a su padre diciendo que mataría a Sigfrido, quizás, quizás podría hacer algo al respecto, quizás podría evitarlo. Quizás podría convencerle para que les dejase estar juntos, después de todo, sólo eran humanos. Lo único que querían era ser felices, no podían ver más allá. Miró a los ojos de Sigfrido buscando maldad, odio, algo que le pudiese hacer merecedor de aquel castigo, pero no pudo encontrarlo. ¿Que hacer?, si no respondía su padre les mataría a ambos, ganando tiempo, quizás lograrían una oportunidad, se lo contaría más tarde, fuera del alcance del brujo, y pensarían un plan para salvar a Odette.

No se dio cuenta que sonreía, no notó la alegría en su pupila, pero dijo con convicción - Si, Sigfrido, si quiero.

El final de la frase quedó solapada por los gritos de alegría de los invitados. Incluso aquellas que competían por su puesto, se habían emocionado por la escena. Intentó hablar con Sigfrido, intentó avisarle que tenían una trampa preparada, pero él tiró de ella para poder bailar de nuevo. Le hizo atravesar corriendo el salón hasta la pista de baile, pero antes de llegar se paró en seco. Odille se asustó, su padre no iba a desarrollar el plan tan pronto pero...

- ¿Qué es esto?

Odille siguió su mirada petrificada que atravesaba el salón y a sus invitados por la ventana, soltó la mano que le tenia presa... mas allá del cristal en el centro de un pequeño estanque que había en el jardín estaba Odette, el dolor podía adivinarse en sus ojos de cisne, una mirada desgarrada, de quien lo ha perdido todo. Su padre rió con una risa maquiavélica, que se elevó sobre los altos techos del salón y asustó a todas las aves que dormían plácidamente en el jardín.

- Príncipe estúpido, ahora es mía para siempre jajajajajajajajajaja.

En un hechizo su padre había desparecido y unos segundos después desaparecía Odette entre una nube de humo.

Sigfrido cayo de rodillas sobre las baldosas de mármol, y lloro. Odille sintió una sensación horrible en el pecho, como si alguien le ahogase, le arrancase el aire y le apretase el corazón con unos dedos de fuego. Se acerco a Sigfrido por instinto, para ofrecerle algo, no sabía que, consuelo quizás. Su mano rozó el hombro del príncipe que se aparto como herido por un rayo. Con un reguero de lágrimas cayendo como cataratas, le miro, con odio, con desprecio, con asco, la mano que atenazaba su pecho apretó con mas fuerza.

- ¿Quién eres?, ¿ Que eres?, ¿ que clase de monstruo despreciable haría algo así?- le grito sin tomar aliento siquiera.

Le dio la espalda mientras se limpiaba con el dorso de la mano, y avanzo decididamente. Su lacayo y amigo le esperaba con al espada presta, y su caballo aguarda en la puerta.

- ¿No vas a detenerme amigo mío?
- ¿Serviría de algo intentarlo?
- No
- Buena suerte, y, Sigfrido- El príncipe se volvió a mirar a ese amigo de la infancia - Amigo mío, mi príncipe, vuelve vivo.
- Lo haré, volveré vivo y con mi reina.

Otra vez aquella mirada, Sigfrido se dio la vuelta, peor Odille siguió viendo aquellos ojos, mientras el dolor le desgarraba el alma, y le sumergía en un pozo de negrura infinita.

- No soy un monstruo, soy un cisne - susurro.


-_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_--_-_-_-



La oscuridad desapreció y comenzó a oír lejanos susurros, voces informes que le señalaban y le asustaban. Una voz melodiosa le hablaba, peor no la entendía.

- ¿Se encuentra bien?

El lacayo, aquel amigo del príncipe le hablaba con dulzura

- Yo, si, estoy bien, gracias
- tómese esto, le hará sentir bien

El liquido el bajo por la garganta ardiente, dulce. Sintió como el calor le subía a la cara. Miro al muchacho, no era tan joven, debía tener la edad de Sigfrido, peor sus rasgos amables, y su jovialidad le hacían parecer mas joven.

- ¿Por que me ayudas? he hecho daño a tu amigo y señor
- Si de verdad fuese así, no habría tenido que traerte coñac, y el brujo te habría llevado con él, sigues aquí, y solo ahora estas recuperando el color. Por tanto tu no sabías de qué iba esto.
- Te equivocas, el brujo me dijo que era mi padre, que debía enamorar a Sigfrido para que se casara conmigo y así él tendría a Odette y al ser mi padre, también el trono. De hecho quería matar a Sigfrido.
- No puedo creer que lo digas tan fríamente, esta claro que no querías provocar esto, como podías saber los pla...

El muchacho se paro en seco y le miro, como si no le hubiese visto antes, como si fuese un magnifico tesoro encontrado en el bosque.

- ¿No eres humana?
- no, soy un cisne
- El magnifico cisne negro que siempre acompaña a Odette, ¿eres tu?

Asintió cabizbaja, volvía a sentir aquel dolor recorriendo su cuerpo.

- ¿Sabes donde esta la Torre? Mi señor se dirige allí, debes decirme donde esta, debemos ayudarle.

Le había tomado en brazos y levantado del suelo en el que se encontraban.

- No llegaras a tiempo, nos llevan ventaja.
- ¿Que haremos?, el Brujo es mucho más fuerte que Sigfrido, entiendo el amor y la determinación, peor es un suicidio.
- Entonces, ¿por qué le trajiste el caballo?
- Cuando conoces a alguien muy bien, sabes, que debes dejar que se estrelle, por que si no, no aprenderá a volar. Además no me habría escuchado. Si sobrevive, estaré aquí para ayudarle. Pero si pudiésemos hacer algo...

Odille miro a través de los invitados, al bosque que rodeaba el palacio, inspiro fuerte y tomo una decisión que esperaba no lamentar.

- Yo puedo llegar
- ¿Cómo?
- Volando, soy un cisne

Le dedico una sincera sonrisa, y evoco el cielo abierto, el sol brillando y el viento soplando entre sus plumas. Frente a los ojos de todos los invitados y del Lacayo ya no había una hermosa joven, si no un cisne negro que brillaba bajo la luz de la luna. Odille se elevo sobre los árboles con toda la potencia de sus alas, sabia hacia donde estaba la torre y esperaba poder llegar a tiempo, antes que matasen a Sigfrido, se lo debía, ahora sabia el dolor que podían sentir los humanos, debía compensárselo de alguna forma. Para darse fuerzas pensó en su sonrisa durante el baile, eso era lo que quería, quería que volviese a sonreír. Quizás el bosque se plegó por la magia del brujo, o quizás el truco funcionó, por que antes de darse cuenta antes ella se levantaba la torre del brujo, oyó gritos, aullidos y explosiones, la batalla había comenzado.

De pronto una explosión destacó sobre los demás ruidos, trozos de piedra salieron despedidos en todas direcciones, y un bulto oscuro y blando voló sobre el lago, casi en su dirección. El bulto iba seguido por una sombra blanca que rápida como el rayo se situó de bajo del fardo desmadejado. Odille rápidamente comprendió que aquel bulto era Sigfrido, Odette intentaba salvarle, el impacto le mataría, acelero y al igual que Odette se coloco debajo para intentar frenar la velocidad, entre ambas la velocidad de caída se redujo a menos de la mitad, aun era mucho, debían hacer mas, Odille lo dio todo, busco cada brizna de aire que pudiese frenarles, y puso cada latido en detener la caída. Cuando se acercaban a tierra sintió como una de sus alas se partía por el esfuerzo, por la presión, peor siguió, aguanto el dolor y siguió batiendo las alas para salvaguardar su preciosa carga. Sintió un golpe horrible en las patas cuando impactaron contra el agua y luego otro golpe y otro, salio rodando sobre la superficie del agua, y todo se cubrió de oscuridad.

Un grito desgarrador le hizo salir de su inconsciencia, Sigfrido abrazaba el cuerpo sin vida de Odette, el cisne, y aullaba a la luna su dolor en una ensenada en el centro del Lago. Odille quiso moverse pero apenas podía respirar, no sentía nada en su cuerpo, y se alegro, ya no sentía dolor. Pero aun así se sintió con ganas de llorar, ella solo quería verle sonreír. Cerro los ojos, abrumada por la tristeza, y se lamento de no haber sido capaz de hacer nada por él, por ellos. Un brillo cegador le saco de sus pensamiento y lamentaciones. Abrió los ojos y vio la más hermosa de las luces, la más bella de las imágenes. Odette se transformo en humana ante sus ojos, amanecía, peor ella estaba allí, sobre sus dos piernas.

Sigfrido grito, esta vez de alegría, casi incapaz de moverse hizo el esfuerzo de erguirse para abrazarla, y sonrió. Sonrió a la vez que lloraba.

Odille suspiro con alivio, respiro una última vez, y dejo atrás todo el dolor y las lagrimas.

_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_


- ¿Papa mira que pollo más grande?
- ¿Bastian alejate, eso no es un pollo?
- ¿Y que es papa?
- Si no fuese por que es negro como el corazón del diablo, diría que es un cisne, y no hay cisnes negros, así que alejate de ese animal ahora mismo.
- Pero papa, es grande, tendríamos comida para muchos días
- Hijo, si ni los carroñeros lo comen, es por que estará enfermo. Dejalo ahí, ya se lo comerán los gusanos.
- Claro papa, y ¿qué vamos a cenar?
- Ardilla asada, ¿qué te parece?
- ¡Mi favorita! ¡Que rico!
- Pues ala, a casa.

Wednesday, May 20, 2009

La muerte Blanca

La nieve caía en suaves copos, con gracia, con dulzura, acariciando los árboles que le rodeaban. Sintió como un suspiro le nacía en los labios. En aquellos momentos tan hermosos, sentía nostalgia por su hogar, por su familia, y por la dulce Martha. Se centró pensando que estaba allí precisamente por las personas que amaba, y redujo de nuevo el ritmo de su respiración. Si exalaba demasiado rápido, lo único que lograba era levantar vaho, que delataría su posición. Ni siquiera chupando hielo podría disimularlo.

Hacia mucho que se había acotumbrado al frío, de hecho hoy casi tenía calor, -20ºC era casi cálido, cuando se habían alcanzado los -40ºC.

Un chasquido le sacó de sus ensoñaciones, sus músculos de tensaron y sus ojos comenzaron a vagar por el blanco paisaje con rapidez, buscando su presa. Tardó muy poco en verle, demasiado poco, un abultado montículo blanco se movía torpemente entre la vegetación. Era muy torpe, demasiado para seguir vivo a estas alturas. Inmediatamente comenzó a buscar en otras direcciones, entre los matorrales, entre los árboles, posiciones que él estimó pero finalmente le parecieron ineficaces y con protección insuficiente.

Durante minutos u horas siguió su busqueda, ignorando al que evidentemente era un cebo, que cada vez aparentaba más un cerdo el día de la matanza, sudoroso, temblando, y casi llorando se arrastraba por el suelo, llamando tanto la atención y dejando un rastro tan evidente que se sorprendía de que ningún comando de busqueda les hubiese encontrado ya. Para cualquier otro, hubiese sido tentador disparar, para él no. La tentación es el cebo que muestra el diablo para atrapar las almas de los mortales, él cazaba diablos.

El sol había bajado muchísimo, y Simo sonrió para sí, las únicas posiciones aceptables, desde las que se podría ver con claridad la procedencia de un disparo hecho al ser gimiente ladera abajo, quedarían al descubierto en muy poco tiempo, y él estaba preparado para ese instante.

En invierno todos los animales duermen, intentan guardar su calor, así que sólo la nieve pudo dar la despedida al francotirador emboscándole, un chasquido, una pequeña explosión y unas gotas de nieve cayendo de ramas cercanas. El cebo se asustó con la explosión, pero estaba convencido de que había sido su compañero el que había vencido del duelo. Se incorporó completamente, haciendo de grandiosa Diana, estaba muy cerca y era muy grande. Siempre se preguntaba qué sentían, cuando sus balas pasaban por su cerebro terminando con su vida, siguió preguntandoselo mientras la sangre caliente derretía la nieve alrededor del cebo, que no supo lo que le había pasado.

Podría haber sentido remordimientos o culpa, pero aquello era sólo un trabajo, y él intentaba hacerlo lo mejor posible.

Siguió esperando hasta que la noche se cerró completamente, y entonces salió de su escondite, al día siguiente tendría que ir a uno de los otros puestos, éste estaría comprometido durante varios días. Hasta que los rusos encontraran a sus camaradas y decidieran enterrarlos. A veces decidían no enterrar los cuerpos y al poco tiempo él volvía al lugar sabiendo que había un cuerpo congelado bajo la nieve. Ahora, debía volver a su cueva, como un pequeño osezno a hibernar unas horas, hasta que pudiese volver a apostarse.

Hoy había sido un buen día, no de los mejores, pero al menos no se había perdido. Dos enemigos menos.

Saturday, May 16, 2009

La ultima

Aún estaba caliente, aparentemente, más que nosotros, podíamos sentir el calor de su último amante latiendo bajo nuestros dedos. Nuestras manos se rozaron mientras acariciábamos su piel, ansiosos y expectantes, como adolescentes aprendiendo a amar. Dejamos caer nuestros cuerpos, mientras nuestras miradas se fundían cómplices, nos sentimos temblar, y una lágrima de emoción asomó a tus ojos, sólo por un instante. La emoción era demasiada y sentíamos la tensión del momento. Era nuestra, solo nuestra, y en el éxtasis nos besamos por un instante antes de centrar nuestra atención en Ella, la más bella de todas las obras escritas, la última que quedaba impresa sobre la tierra, y la habíamos conseguido nosotros. Sujetamos el tomo con nuestras manos entrelazadas, y nos dejamos llevar por sus letras barrocas a un mundo más cálido que el nuestro, a un mundo donde había más como ella, a un mundo donde aún había libros.

Tuesday, April 18, 2006

Los Amantes Cazadores II



No sabia que esta cuidad era tan hermosa, Nueva Orleáns siempre me pareció bonita
pero vista así, es incluso más hermosa. Las voces se entremezclan en mis oídos con la
música que suena a millas de distancia. Es tan hermoso. Sujetas mi mano mientras
caminamos entre la gente, parece que flotamos muy despacio, pero sigo tu ritmo por que supongo que si no, pasare al lado de la gente como una exhalación, tendré que aprender a no llamar la atención, caminamos entre las sombras de las callejuelas fundiéndonos con ellas. A veces presto atención a las conversaciones y los pensamientos de los que se cruzan en nuestro camino. Me hacen gracia un grupo de jóvenes, te miran fijamente y sus pensamientos son tan descriptivos..., otro día señoras esta noche es mío. Sonrío y siento como te detienes.

-¿Ya hemos llegado?- me miras divertido
- No, pero es que no estas prestando atención; debes hacerlo para cuando salgas
sola- Te prometo ser buena y fijarme en cada detalle.


Y eso hago, mientras caminamos me fijo muy bien en todo, el brillo de las luces en tu pelo. La curva de tu mentón, el lóbulo de tu oreja. Los trazos de tu cuerpo bajo la ropa. Te recuerdo desnudo, el tacto de tu piel bajo mis manos, tu sabor, tu olor. Recuerdo la sensación de tus labios en mis pezones, tus colmillos clavándose en mi carne, tu pene penetrándome como una espada. Sin darme cuenta muevo los dedos, me miras, piensas que te estoy llamando. No puedo evitar sonreír, después de todo no es tan malo que no sepas todo lo que pienso, así al menos podré tener un mínimo de misterio.

- Ocurre algo?-
- No mi amor, que habría de ocurrir?- no puedo evitar una media sonrisa que me
delata, pero no insistes.
- Es aquí- esta casa me suena, es una casa colonial reconstruida, a veces me he
fijado en ella. Se supone que ahora debemos separarnos, quieres ver como me defiendo yo sola. Oigo los pensamientos de los habitantes de la casa, vaya una
convención de criaturas sin escrúpulos, por eso te pareció apropiado, claro. Me acerco y te beso en el cuello, antes de marcharme para entrar por una de las otras dos puertas de la casa.


En todas las puertas hay vigilantes, no tengo invitación pequeño diablejo, te encanta complicarme al vida. Busco en al mente de los invitados alguna pista que me ayude a entrar. Vaya el Sr. Dremont espera a su acompañante, bueno, una pista. No tengo que espiar la mente de nadie para descubrir qué portero me franqueará el paso, solo el falta saltar sobre mi. Me pregunto si habrás tenido eso en cuenta cuando escogiste este vestido, o simplemente querías verme con el puesto. Preferiría que fuese lo segundo pero en ambos caso te lo agradezco mentalmente. Me acerco directamente a él y sin dejarle hablar le explico que vengo con el Sr. Dremont, que ya ha entrado. Me pide la invitación. Pongo mi mejor cara de inocencia al decirle que mi acompañante la tiene, que me está esperando dentro. Hago un mohín mientras me inclino ligeramente en su dirección dejando que mi perfume sature sus sentidos, la tela del vestido se abre ligeramente dejado ver al curva de mis senos, por favor, déjame entrar, oigo sus pensamientos, como se rebela y como cede poco a poco...

Espero un momento antes de entrar en el inmenso salón, demasiada luz, como pueden
divertirse con ese exceso de bombillas hiriendo los sentidos. Es una vieja creencia
americana, si hay mucha luz la fiesta se mantiene en un tono formal... inocentes. No
puedo entrar a una fiesta con gafas de sol, así que espero paciente a que mis ojos se
adapten. Utilizo una de las escalinatas laterales, usando la del centro llamaría mucho la atención. Mientras bajo busco en las mentes de todos, espero recibir información como siempre, sin invadir, que me lo cuenten ellos, busco datos para escoger a una victima, y te busco a ti, si te han visto estarás grabado en sus mentes aunque no lo sepan, tendrán una percepción de ti. Pero no te encuentro. No me puedo creer que me hayas dejado sola. Me quedo paralizada ante la idea. Estarás en algún rincón escondido en las sombras sin que te vean, seguro, eso espero. Termino de bajar las escaleras con un suspiro y me centro en buscar la cena. Genéticamente se supone que las mujeres somos recolectoras, tendré que aprender a cazar. Me relajo y dejo que los pensamientos de los invitados fluyan por mi mente, intentando pescar algo que me
interese, básicamente algo que me parezca tan repugnante que no me cueste nada
cenarme al sujeto en cuestión. Estoy rodeada de gente sin escrúpulos, tiburones, pero
nada especialmente cruento. He estado en sitios peores. En el fondo cada uno de ellos
tiene un lado humano, alguien por quien lo daría todo, tengo ciertos problemas para
matar a gente así, aunque tengan actos despreciables en su haber. Empiezo a ponerme
muy nerviosa, intuyo que me estas observando, que te he defraudado. Intento pasar
desapercibida y me dirijo al jardín. El Jardín apenas esta iluminado, eso hace que me
relaje y piense mejor, casi tengo fuerzas para volver a entrar, ojalá fuese capaz de
distinguirlo todo desde aquí, no me agrada estar allí dentro. Comienzo a pasear por el jardín mientras pienso en lo que debo hacer. El hambre me atenaza de tal forma que
siento que podría lanzarme sobre cualquier cosa, pero lo cierto es que no puedo hacerlo, no cualquiera, tiene que haber alguien en el mundo lo bastante despreciable como para no inspirarme compasión. Eso espero.

De pronto una oleada de temor y de odio me ataca casi como una golpe físico y me deja sin aliento. Provenía de una calle lateral próxima al jardín. Agudizo los sentidos y alcanzo a oír una pelea. Una mujer esta gritando pidiendo ayuda, deseo estar más cerca para oírlo y casi sin darme cuenta estoy a tan solo unos metros, me he movido, increíblemente rápido, ya no les oigo discutir, lo siento, puedo saborear el odio que pasa de uno a otro, la sensación de terror de ella me embriaga, nubla mis sentidos. Por un instante me fundo con ella, veo a través de sus ojos y siento su odio, puedo ver como me acerco a él por la espalda, poco a poco, silenciosa. Su deseo de herirle, de destruirle aumentan al verme, al ver como mi rostro trasformado por la sed se acerca para abatirle. Siento la sangre del pobre desgraciado llenándome, latiendo dentro de mi, no recibo imágenes ni recuerdos, sigo mirando a través de los ojos de ella, me veo bebiendo la sangre de su desgarrada garganta. Siento como la vida se le apaga poco a poco, y de pronto siento como me alejan, como tiran de mi.

- suéltale antes del último latido mi amor- tu voz cálida me despierta y me alejo
de él. Miro a la mujer que esta en el suelo catatónica, apenas consciente de lo
que ha ocurrido. Estaba furiosa y por eso deseaba su muerte, demasiado tarde se
ha dado cuenta que sus sueños se han hecho realidad. Siento como se me encoge el corazón segura de haber hecho algo terrible. Tiras de mi y nos marchamos a casa, a ese sitio sin luz que nos permite descansar.


Nunca pensé que la oscuridad pudiese ser tan reconfortante, siento tus brazos abrazándome y me dejo llevar por el silencio que nos rodea. Es como flotar en un mar en calma, un mar de paz. Me apoyo en tu hombro y escondo mi nariz en tu cuello, tu olor tan familiar hace que me relaje y me sienta mejor.

- lo he hecho fatal ¿verdad?- me sonríes y me acaricias el pelo - no amor, lo hiciste bien
- pero esa mujer, me vio y además le he destrozado la vida
- ¿segura?
- no, no estoy segura, supongo que deseo que sea así, por que no puedo creer que
de verdad fuese eso lo que deseaba-

Te miro fijamente a los ojos y me acerco para que me beses, en un instante todo ha desaparecido, ya solo existes tu, tu cálida piel, tu suave pelo rozándome la mejilla, tus labios ardientes, tu aliento que me da vida y paz. Sonrío y acaricio tu cuello.

- y tu mi amor, ¿cómo ha ido tu noche?
- Bueno había una mujer terrible que quería matar a su marido... ya no lo hará-
- ¿Cómo se llamaba?
- ¿Que te hace pensar que lo averigüé?
- Tu sonrisa
- Dremont, se llamaba Dremont

Estallo en carcajadas y entre risas te cuento lo ocurrido para entrar en al fiesta, te ríes con ganas, me encanta que te rías, tu risa es un sonido mágico. Te beso y desabrocho tu camisa.

- no tenemos que salir por hoy, ¿verdad? - No, no tenemos que salir

Remarcas tus palabras dejando caer los tirantes de mi vestido que cae suavemente al suelo. Me aprieto contra ti, me encanta el tacto de tu piel contra la mía, caliente
sedienta de ti. Forcejeo unos instantes con lo que te queda de ropa hasta que estas totalmente desnudo frente a mi, te observo unos instantes, me encanta verte así, estas tan sexy y poderoso. Me cuelgo de tu cuello mientras te beso desesperada, ansiosa. Tomas mis caderas y me subes sobre el tocador mientras me besas y me haces enloquecer. Siento como me penetras y tan solo puedo gemir de placer una y otra vez hasta que pierdo todos mis sentidos y solo soy una extensión de ti.


Me encanta asomarme a esta ventana, no hay nadie en kilómetros, solo naturaleza salvaje, sopla un viento cálido que nos envuelve. Me encanta sentir tus brazos rodeándome, tu calor, tu fuerza. Me encantan estos momentos de paz, de
seguridad. Me reclino un poco hacia atrás y te miro en al oscuridad mientras mis hombros rozan tu pecho desnudo y suspiro. Estas tan melancólico, me pregunto que habrás recordado que te hace estar tan taciturno. No podría averiguarlo y no me lo vas a contar, así que te abrazo esperando que olvides por unos instantes, ojalá
pudiese transmitirte la seguridad que tu me das a mi. Acaricio tu pelo y te miro a los ojos, bueno eso esta mejor, te beso y, por unos instantes, me pierdo en todas las sensaciones que recibo, tus dulces labios, tu lengua jugando con la mía, tu pelo rozándome la mejilla, la piel de tu pecho rozándome haciendo que mis pezones se endurezcan por el contacto. Tus manos ardientes resbalando por mi piel, tu sexo erecto rozando mi vientre, cada poro de tu piel cuando pasa por mis dedos... . La sensación es maravillosa, por un instante mi mundo se reduce a tu persona y sonrío.

- Te quiero- lo digo en apenas un susurro
- Y yo a ti- tu sonrisa me hace flotar mientras navego en tus pupilas.

Beso tu cuello y recorro cada centímetro con mi lengua saboreando, embriagándome con tu olor. La suavidad de tu piel excita mis sentidos, puedo oler tu sangre, deseo tanto beberla, su sabor me vuelve loca al igual que la avalancha de ideas y
emociones que vienen con ella. Te muestro mi cuello vulnerable, tuyo, soy toda tuya. Sonríes sujetas mi barbilla y me besas ignorando mi muda petición.
Suavemente nos deslizamos con una suave danza hasta la cama. Subo a ella y espero de rodillas atenta a lo que vas a hacer.

- ¿qué vas a enseñarme hoy amor?- te ríes, con una risa refrescante como la brisa de mediodía y me regalas con un tierno beso en al frente.
- ¿qué quieres aprender?- mi gesto mohíno hace que sonrías una vez más - si lo supiera, no tendrías que ensañarme


Me miras mientras abres un ligero corte en tu muñeca y me la acercas para beber,
creo que se de qué va este juego. Lamo la herida suavemente y espero que se cierre,
abres otra cerca del codo y hago la misma operación, pasando mi lengua suavemente
y recogiendo hasta al ultima gota que me regalas, antes de apartarme expectante
deseando más. El siguiente corte es en el hombro, lo recorro hambrienta, mientras se
cierra, me entretengo con tu cuello, mordiéndolo y besándolo suavemente, suspiras
en mi oído, te empujo levemente para que te tumbes y hago el siguiente corte en tu
pecho, lamiéndolo despacio, saboreando cada gota, recorriendo toda tu piel con mi
lengua, mientras te acaricio. Un corte en tu abdomen al que el dedico unos
instantes antes de descender con mi lengua hasta tu sexo duro y desafiante. Lo
recorro entero con mi lengua despacio aguantando el deseo para prolongar el placer.
Lo meto en mi boca para chaparlo con suavidad unos instantes para pasar a un
ritmo mucho más rápido presionado, intentando darte todo el placer posible,
mientras con las manos, acaricio todo tu cuerpo a mi alcance. Siento como haces un
corte en mi muslo y lames la herida, un escalofrío de placer me recorre entera. Me
aparto un segundo para observar como recorres mi muslo con tu lengua
ascendiendo. Apenas noto como mi respiración se acelera hasta que siento tu
aliento cerco de mi sexo, gimo y me arqueo imperceptiblemente en
anticipación...para observar tus ojos maliciosas mientras te ríes apoyado sobre mis
caderas. Eso ha sido cruel. Mi sexo late de deseo, estoy a punto de exhalar una
súplica o un reproche, cuando en un movimiento veloz lo recorres entero con tu
lengua, exhalo un largo y profundo gemido de placer, mientras siento como me
tiemblan los brazos y pierdo el control de mi respiración. Gateas sobre mi hasta
besarme, me abrazas y ruedas sobre ti mismo para dejarme encima, sabes que me
encanta, muevo mis caderas suavemente dejando que tu pene encuentre la entrada
a mi sexo, siento como penetra suavemente y aprieto mis caderas contra las tuyas
hasta que me llenas por completo . Comienzo un suave vaivén ignorando tus manso
apretando mis muslos para que vaya mas rápido, sonrío y sabes que lo estoy
haciendo aposta así que en un descuido mío vuelves a girar para ponerte encima y
penetrarme sin piedad. Gimo de placer y me río suavemente, sonríes y eso me
encanta. Me hago un pequeño corte en el pecho para que bebas mientras comienzas
a mover las caderas con fuerza. El placer es tan intenso que me dejo llevar sin
control. Un instante antes de explotar en un intensísimo orgasmo muerdo tu cuello
y siento como te derramas en mi interior con al violencia de un volcán.

Es una sensación maravillosa de paz, saciada. Acaricio tu pelo y te miro a los ojos. Me besas.

- ¿Dónde iremos mañana de caza amor? - Hmmm eso es una sorpresa-

Te ríes y me abrazas. Ni siquiera me doy cuenta de cuando me quedo dormida sintiéndote dentro de mi con te respiración en mi cuello, dulce y placidamente dormido.

Monday, April 10, 2006

Los Amantes Cazadores I



Nunca entenderé por que siempre entro en el mundo de morpheo dormida pero así es. Me duermo en nuestro mundo y despierto en otro, pero esta vez se que es un sueño. Atardece y puedo ver el sol como si estuviese a unos metros de él, según desciende tiñe de rojo los campos que se extienden bajo mi ventana. El aire es cálido y húmedo y mis cabellos se ondulan cada vez que el viento los azota. Me quedo en la ventana
admirando los cambios de color, sintiendo el viento en mi cuerpo desnudo. Espero en la ventana mucho tiempo hasta que ya es de noche y la luna esta alta; entonces siento una cálida mano en mi cintura que me invita a darme al vuelta.

-Ya estas despierto amor?

Como respuesta recibo un largo y apasionado beso que hace que se borren mis
preguntas. Sonrío y tiro de ti hacia la cama, luego cazaremos, primero te quiero un rato
solo para mi. Me subo a la cama y empiezo a caminar a gatas hasta que me agarras un
tobillo y tiras hacia a ti. Me doy al vuelta iracunda, me apetecía jugar un rato, estas
tan serio que me asustas, pero al mirarte a los ojos veo esas pequeñas chispas traviesas.
No puedo enfadarme contigo ni cuando me haces sufrir, y rodeo tu cuello con mis
brazos dispuesta a borrar ese gesto impertérrito de seriedad.. Te beso suavemente ,e
intento que me respondas, pero sigues como una escultura, inamovible. Así que
comienzo a morder tu cuello suavemente. Nada, no me haces ni caso. Furiosa muerdo el
lóbulo de tu oreja y haces un pequeño gesto de dolor, me he pasado, pero te lo has
buscado. Aun así temo que te enfades conmigo. Me atrapas entre tus brazos y me
preguntas al oído:

- Que quieres?-
- A ti- respondo en apenas un suspiro
- Bueno aquí me tienes- juraría que tus labios se han curvado ligeramente en una
sonrisa pero en la oscuridad no puedo percibirlo.
- Ya, pero es que quiero tenerte dentro- siento como tus ojos se clavan en mi a
través de la penumbra de la habitación.

Sonríes y me dejas caer sobre la cama. Estoy tan convencida que he ganado que
empiezo a culebrear y mover las caderas con las piernas bien abiertas invitándote a venir. Te acercas apoyándote en la cama, poco a poco con esa sonrisa maliciosa en los labios. Suavemente acercas tus manso a mis muslos y acaricias mis caderas, las
balanceo suavemente expectante. Acercas tu rostros al mío y cuando voy a acercarme a besarte me sujetas con fuerza y me penetras sin piedad. El dolor solo dura una
instante, pero el placer me deja sin aliento, gimiendo y sin aire mientras apoyas tu frente en la mía y esperas a que recobre el aliento. Siento como si fuese a estallar, estoy ardiendo y mis oídos retumban con el latido de mi corazón. Lo único que veo son tus ojos. Poco a poco me recupero y comienzo a acariciar tu cintura con mus piernas. Acaricio tus brazos y te beso. Te acercas a susurrarme al oído.
- Ahora que deseas mi amor?- tu tono me excita tanto que no puedo resistirme.

- Fóllame como si fuese le ultimo día de mi vida- me muerdo ligeramente el labio
mientras lo digo y mis caderas se agitan casi imperceptiblemente.
- Es el último día de tu vida- no puedo evitar que se me escape un gemido cuando
tus colmillos se clavan en mi cuello...

Estoy muy mareada, pero puedo percibirte en la oscuridad de la habitación,
mirándome. Supongo que me habré dormido o me habré quedado inconsciente, no me gusta hacerlo, no me gusta que te aburras conmigo. Sonríes, lo has leído, bueno eso responde a mi pregunta, no, aun no me has regalado el don oscuro. ¿No te fías de mi verdad? Temes que no sepa defenderme sola, la verdad es que lo entiendo, no puedes cuidarme toda la eternidad, para siempre es mucho tiempo. Crees que luego me
arrepentiré, soy demasiado bondadosa y frágil. Me hace gracia ver como cambia tu expresión según vas oyendo mis ideas. Yo sólo percibo tus emociones y estas apenas varían, pero tus ojos lo reflejan todo, si se sabe mirar.

Supongo que te habrás cansado de mi eterno monologo. Te levantas de la cama y te pierdo de vista, intento seguirte pero estoy tan mareada...

Vuelves al instante con algo brillante en al mano.

- No podrás hacerlo, ¿lo sabes?- No sé de que me estás hablando no tengo ganas
de hablar para decírtelo
- No podrás decirme las cosas sin hablar y no podrás percibir lo que siento o
pienso, lo perderás, para siempre, estarás sola, más sola que nunca ¿lo sabes?
Pues claro que lo se, si no me lo has dicho 200 veces no me la has dicho
ninguna. No tengo un poder fascinante amor, no lo echare de menos, y menos si se sustituye por telepatía como la tuya.
- A mi no podrás oírme, nunca- Por un momento siento la tentación de pensar
alguna barbaridad pero estoy demasiado cansada como para forzar mi mente
para crearte esa imagen, además sería estúpido, sabes que te adoro, podré
captarte por el vacío que dejes, o por al mente de los demás.
- Arrogante- sonríes por que he pensado en hacerte una perrería-pequeña temo
por ti, no eres lo bastante malvada- me besas y tus labios me dan un poco de
vida, de energía, no pares de hacerlo por favor, no dejes de besarme. Si no
quieres darme el don no me lo des, pero al menos permíteme que muera así, es tan dulce...

Te abrazo y de pronto me doy cuenta que puedo hacerlo que he recobrado las fuerzas; rozo mis labios y los noto tibios, húmedos... sangre. Te miro, pero apenas puedo verte en la oscuridad, veo un ligero resplandor, siento tu mano en mi nuca que me acerca hacia ti. Me dejo guiar (como si pudiese hacer otra cosa) hasta rozar tu piel, hay un ligero corte del que brotan unas gotas de sangre. Paso mi lengua por la herida, me empujas suavemente, para recordarme que no debo dejar que cierre al herida, y comienzo a beber, como de un manantial, al principio con cuidado, no
quiero herirte, pero después simplemente me ciega la sed. Siento tu sangre latiendo en mis venas, arde como si me recorriese el mismo fuego del infierno, de repente
comienzo a ver cosas, recuerdos que no me pertenecen, imágenes que desconozco, sensaciones de amor, de pánico, de dolor. ¿es eso lo que ves cuando bebes de mi?
¿Mis sueños, mis pesadillas?.

La fiebre impide que sienta el dolor cuando muerdes mi muñeca, hago el amago de sepárame pero no me dejas. Somos como un círculo vital de sangre fluyendo, de mis venas pasa a tus labios y de tus venas a los míos.

Pasa el tiempo, estoy muy mareada solo quiero dormir, dormir mucho tiempo. Me acaricias el pelo, me abrazas y te recuestas a mi lado, mientras me susurras al oído, mientras me explicas lo que pasa, por que me siento así. Me dices que no debo temer nada, que despertaré pronto y que cuando lo haga todo será distinto, que no debo olvidar que la luz del sol me quemaría (previendo que me despierte a medio día amor) y que solo salga de noche. No se qué más me dices, no oigo nada sólo la
melodía de tu voz que me arrulla, durante un instante siento que te has ido pero enseguida vuelves, la ventana claro. Que torpe soy...

- hmm comida, rico, rico, comida, sisisisisisi
- Pero qué...- Me despierta un chirrido intenso y esas voces que no hacen más que
hablar y hablar. Que poco respeto no ven que estamos dormidos. ¡Alto!¿ quién
no lo ve? ¡Hay alguien en la casa!, me incorporo alarmada, se ve un ligera
rendija de luz casi milimétrica que atraviesa la persiana. Te miro, estas tan
bello cuando duermes, pero tan pálido, anoche no saliste de caza por mi culpa,
mi dulce amor, me quedo hipnotizada por la belleza de tu descanso, tan
inusual.

- Psppspspsps- Ese maldito ruido, por que molestan, te van a despertar, parecen
ratones royendo. Me levanto lentamente sin despertarte y me acerco a la
ventana para mirar por la rendija. Demasiado tarde me doy cuenta que
efectivamente son ratones y que es de día. Apenas me ha rozado el sol pero me escuecen los ojos como si me hubiesen tirado aceite hirviendo. Grito de dolor, antes de recordar que estas durmiendo y quiero que sigas así.

Despiertas rápidamente casi de un salto, no puedo verte bien, me duelen los ojos, pero oigo como suspiras y te levantas de la cama. Tiras de mi muñeca y me alejas del foco de luz llevándome hasta la cama. Ya no me escuece tanto, y ya casi veo bien. A penas en unos instantes vuelvo a estar en perfectas condiciones. De pronto me da por reír, te miro y me río aun más; has puesto una cara de desolación... estas convencido que estoy más loca que nunca. Finalmente dejo de reír, no me gusta hacerte sufrir y tienes la cara de un condenado a muerte.

- No me mires así por favor, es solo que olvidé que no podía darme al luz, no me
he vuelto loca en serio, por favor no pongas cara de espanto- me miras
profundamente y de pronto comienzas a reír estruendosamente. No puedo
resistirme y te acompaño hasta que ya no tengo fuerzas para reírme más. Me recuesto y te acaricio el pelo.

- Mi dulce amor, pobre de ti. Anoche no cenaste por mi culpa, no te dejo dormir...
Vas a odiarme antes de una semana- te beso suavemente, eres tan dulce, te
besaría eternamente.
- El sol aún está muy alto no podemos salir da caza, al menos tu no- presumido
así que por qué no te relajas y te duermes
- ¿La verdad? Si no tienes sueño se me ocurren cosas mas interesantes que hacer
me encanta esa sonrisa maliciosa. Te beso mientras juego con tu pelo, y me voy acercando a ti poco a poco. Acaricio tus hombros, hmmm muy tensos tendré que
darte un masaje.
- Otra vez lo olvidé, ven, déjame que te de un masaje mi amor. Relájate

Te coloco boca abajo acariciándote suavemente los hombro y al espalda aparto tu pelo y comienzo a pasar mis dedos un poco mas fuerte, con cuidado de no hacerte surcos con
mis uñas. Comienzas a relajarte, bien, aprovecho para buscar esos nudos que te tienen
tan tenso. Eso es. Libre, seguro que ahora te sientes mejor, y continuo con el masaje
para dejarte completamente relajado. Me encanta cuidarte, ya se que solo puedo hacer
pequeñas tonterías que te hagan sentir mejor, pero necesito hacerlo, necesito saber que
hago un poquito para que te sientas mejor. El problema es que tenerte desnudo a mi
merced es demasiado para mi. Bueno te he quitado todos los nudas así que... Sonrío
mientras recorro toda tu columna con mi lengua, ¿eso ha sido un pequeño
estremecimiento de placer? Espero que si. Me encanta producirte placer aun en los
movimientos mas pequeños. Te beso en la nuca y te susurro al oído que ya he
terminado.

- de eso nada- me coges por la cadera, como me gusta que hagas eso, y me acercas
a ti mientras te incorporas. Me besas con pasión, con furia y te abrazo, recorro tu cuerpo con mis manos, con mis dedos recorriéndote con ansia. Te empujo
suavemente y aceptas a quedarte tendido sobre la cama. Me siento a horcajadas sobre ti y me empalo con tu duro miembro. Gimo de placer mientras muevo suavemente las caderas disfrutando de cada instante, de cada sensación. Extiendo las manos para que me acerques las tuyas, y enlazo nuestros dedos, mientras comienzo cabalgar, suavemente al principio, y luego acelerando el ritmo. Tiro de ti para que te incorpores, y me doy cuenta que si no ofreces resistencia, puedo hacerlo sola, es fantástico tener tanta fuerza. Me suelto y acaricio tu pelo mientras me besas y con tus manos tiras de mis muslos para colocarme como te gusta. Gimo un poco al sentirte mas adentro aun. Comienzo a subir ya bajar haciendo dibujos con las caderas. Te miro fijamente y me muerdo la lengua. Haciendo que broten unas gotitas de sangre. Te lanzas a devorar cada gota. Mientras acelero el ritmo guiada por tus manos. Muerdo suavemente tu labio, apenas lo rozo con un colmillo pero la sangre brota
excitándome hasta el éxtasis en el que nos sumergimos los dos unidos por ese lazo rojo y vital.

Creo que no puede haber nada mas maravilloso en el mundo, dormir en el éxtasis y despertar viendo tu rostro dormido. Por fin ha anochecido lo siento en todo mi cuerpo no se como pude equivocarme antes. Tengo hambre, el ansia de sangre grita dentro de mi pero me quedo quieta esperando que despiertes. Veo como tus pestañas se mueven lentamente, y poco a poco abres los ojos, tan bellos. Inconscientemente sonrió y me acerco a besarte suavemente. Te dejo que te despereces tranquilamente mientras observo tu cuerpo desnudo. Acaricio tu torso desnudo mientras te pregunto:

- ¿dónde vamos a ir de caza amor?
- ¿sedienta?
- si

Sonríes, con esa sonrisa que me vuelve loca y comienzas a besarme los pechos
alternativamente, lamiendo mis pezones de vez en cuando. No es justo, tengo sed, mi
cuerpo y mi mente dudan entre ambos deseos, la sangre o tu. Ambos me son vitales y
tiran de mi. Mientras bajas lentamente recorriendo mi abdomen con tu lengua. Me
arqueo levemente sabiendo de antemano que vas ha hacer. Rozas mi cadera y te siento
sonreír. De pronto tiras de mi para incorporarme. Susurramos a la vez y te ríes
divertido.


- -Vámonos de caza- te beso y me río contigo.
- amor...¿qué se supone que tengo que ponerme?- te ríes alegremente, me encanta
cuando ríes así.
- Bueno es que nunca he sido un vampiro antes, no se que me debo poner. ¿me
vistes?- cojo tu mano y vamos hacia mi armario. Aunque creo que ya se que vas
a escoger. No se por que te gusta tanto ese vestido, por que no me lo pongo
nunca. Efectivamente, vas directo a por él. Me encanta el tacto de la seda cuando cae sobre mi rozándome. El tacto de tus manos a través de la tela... Me abrazas y te beso
- Si no nos vamos llegaremos tarde a al fiesta. Me dices. - ¿qué fiesta?- te ríes, no sabia que hubiese una fiesta...

Monday, April 03, 2006

Un aventura en el mar.


La luz del rayo le cegó durante unos instantes.

-¿Qué has dicho?- preguntó por segunda vez.

-..hacia el sur, es la única opción, no podemos continuar con esta tormenta, tenemos que virar al sur para llegar a mar abierto, y rezar para que sirva de algo- las últimas palabras del timonel quedaron ahogadas por un trueno.

Por un momento creyeron que lo habían conseguido; la tormenta amainó lo suficiente como para permitir que se relajasen, y en ese momento atacaron.

Aquellas bestias abordaron el barco protegidas por la oscuridad de la noche; la tormenta ocultó el ruido producido por el barco al aproximarse, no pudieron defenderse.

Todo a su alrededor estaba oscuro, creía haber cumplido todas las normas dictadas por Odin, pero debía de haber errado, probablemente no defendieron con bastante ahínco su barco y sus vidas, ya que aquello no se parecía en nada al paraíso prometido en las leyendas. Intentó moverse, y decidió que no podía estar muerto, le latía la cabeza, y apenas era capaz de mantenerse consciente. Tras varios intentos, logró incorporarse, sólo para chocarse y volver a caer. Antes de intentarlo de nuevo palpó qué le había detenido, de éste modo descubrió a uno de sus compañeros, estaba inmóvil, sintió como le latía el corazón, y tranquilizado volvió ha incorporarse, esta vez con cuidado de no tropezar, para no herirse, o herir a sus compañeros. Consiguió alejarse de la montaña que creaban los cuerpos amontonados, deseando que todos ellos se encontrasen con vida.

Caminaba con los brazos extendidos, aún así, no descubrió el final de la habitación hasta que chocó. Siguiendo la pared llegó hasta unos escalones; después de una larga reflexión, se encaramó a ellos y ascendió hasta que encontró un portón. Intentó abrirlo, pero estaba cerrado, probablemente con un candado que se encontraba en el exterior.

Bien, al menos sabia que no estaban muertos, pero no recordaba como habían llegado a aquel lugar. Intentó descubrir donde estaban por los ruidos que llegaban hasta aquel lugar. Oyó pasos arriba, cerca del portón, caminaban sobre una tarima de madera, también oyó voces, apenas audibles, en un idioma desconocido, pero sobre esos sonidos el timonel reconoció un sonido familiar que alegró su corazón; el sonido de las olas rompiendo contra la quilla de un barco. Estaban en la bodega de un barco, pero era más grande que los que él conocía, y más pesado.
Mientras rumiaba estas ideas oyó que los pasos se detenían, hubo un silencio y el portón comenzó a abrirse. Su intuición le dijo que huyera junto a sus compañeros, que dejará creer a esos seres que estaba inconsciente, pero no lo hizo, se quedo junto a la escalera, y esperó. El portón se abrió y dejó entrar una luz cegadora, era de día. Respiro el aire salado del mar y una lágrima asomo a sus ojos, la idea de que no volvería a sentir nada igual le abrumó, por un instante se sintió descorazonado, pero sólo durante un instante, era joven, y pronto la curiosidad superó el resto de las sensaciones, pero retuvo un poco de cordura, y se mantuvo alejado de los escalones.

Sólo podía ver a través de los espacios intercalados entre los escalones. Lo primero que vio fue una especie de calzado, hecha con pieles atadas entre si por unas correas de cuero. La pierna que cubrían era fuerte, pero humana, esto no coincidía con lo que habían visto cuando fueron abordados. Quizás sólo la mitad de esos seres era bestial, quizás una parte de ellos era humana, esto le dio esperanzas. Vanas esperanzas que desaparecieron cuando aquel ser acabó de bajar las escaleras.

A través de las escaleras vio a una criatura enorme, cubierta por una especie de abrigo también hecho de pieles, el rostro era monstruoso, con rasgos parecidos a los de los osos, pero de un color blanco desconocido para él. La bestia se quedó mirando al grupo que formaban sus amigos, y sé echo las manos a la cara.

El timonel intentó ahogar un grito cuando vio como aquella criatura se quitaba el rostro. Pero sólo pudo intentarlo, la criatura se volvió, y se quedo mirando a un joven humano, tenia la piel algo curtida, pero no tanto como el de los marinos con los que se había criado, ni como la suya propia.

Aquel hombre sonrió al verle allí de pie detrás de la escalera; seguramente le divertía ver el miedo en la mirada de sus víctimas, y el marino sabia que era eso lo que veía en su mirada. Espero una muerte rápida y cruel, pero nunca llego. El joven se acercó a él y le tendió la mano, no intentó comunicarse con él. Simplemente señaló a sus compañeros, y seguidamente a unos cubos al fondo de la bodega. El timonel se acercó a los cubos temeroso de desobedecer, se inclinó sobre ellos y descubrió agua, algo sucia, pero agua al fin y al cabo. Los acerco al hombre, este cogió el primero y lo derramo cuidadosamente sobre las cabezas de tres marineros. Siguió con el resto, y cuando acabó el agua, continuó con el otro cubo, que arrebató de las manos del timonel.

Mientras los marineros se despertaban asustados, sintieron una brusca sacudida. Habían atracado.

El joven cubierto de pieles les indico las escaleras y subió a cubierta. Los marineros miraron al timonel asustados.

-Vamos, seguidme, si hubiesen querido hacernos daño, lo habrían hecho ya- Habría deseado que hubiese más convicción en sus palabras.

Subieron todos uno a uno. Lo primero que vieron fue una multitud de jóvenes vestidos con la misma indumentaria que el que habían visto en la bodega. Al mirar más allá de la batahola, vieron el mar, su mar, y más allá del mar vieron tierra, una tierra que les era conocida, su casa. No estaban en las cercanías de su pueblo, pero conocían el camino, estaban a menos de dos días de viaje, y sabían como abastecerse hasta llegar allí.

Les empujaron hasta una barcaza que estaba amarrada al barco. El timonel bajó con un resquicio de temor ¿Por qué les habían capturado para devolverles al hogar, por qué aquel abordaje?.

Después de aquel día, cada uno de los marinos de aquel viaje especuló con sus familiares y amigos del por qué de aquel comportamiento; pero no demasiado, al fin y al cabo, estaban vivos.